Entre domingo y lunes duermo mal, las cosas me salen al revés y siempre me angustio un poco. Entre domingo y lunes las horas se desaparecen caprichosamente dejándome un saldo en contra, sabores extraños y dolores mortales. Entre domingo y lunes me vuelvo más vieja y mañosa, mis manos se secan y la cabeza se me alborota. Entre domingo y lunes miro al cielo negro pidiendo explicaciones, y no escucho a nadie. Entre domingo y lunes deseo poderosamente que sea martes, para no pensar más que hoy es domingo y mañana será lunes.
