Mi corazón está apretadito. Como pie en zapato chico, como pantalón de obeso mórbido. Los latidos se perdieron en alguna canción triste del recuerdo, apagándose al ritmo de la soledad y el olvido. Me duele el pecho un poco, punza como infección naciente y devastadora, como cáncer de sentimientos cojos y huachos, y así sigue doliendo hasta el final. Alguien querrá sanar este órgano desgastado de abandonos y resequedades, si no tiene mucho por ofrecer, si aún es inexperto e inseguro, perdedor, iluso y mamón, si aún es de melón blandito y amargo, lleno de pepas que salen como tubérculos entorpeciendo el camino desviado de las emociones y las penas, si está apretadito y lisiado, y sólo clama por rehabilitación.
