Todo empezó con una abrazo, no nos miramos a los ojos antes de hacerlo, nos conociamos de antes, de vidas pasadas, de batallas libradas con el correr de los años. Sigues igual fisicamente, pero has madurado (lo mismo para mi). Tu saludo me asfixia, tus manos me aprietan tan fuerte que no puedo zafarme (aunque no lo intento mucho) y me entrego mansita al juego. El golpe es tan fuerte que me deja muda y casi desvanecida, el dolor llega rápido a la zona y siento como la sangre se pone negra trasnformándose en carne muerta. Capto de inmediato el mensaje, estás aquí para hacer que me sienta viva, eres el chivo expiatorio de mis padecimientos tontos y me pregunto si yo lo seré para ti. La patada logra romper mi piel y teñirla de rojo-oscuro. Ya no me quejo, yo ya entendí y te agradezco, es una vuelta de mano, la vida es cíclica pienso, la vida es una puta joda tragicómica y has venido a ayudarme. Cierro mi puño y lo dejo caer en tu cara, mis dedos crujen y quizás se quiebran porque no sé ni golpear al viento. Me miras con los ojos vidriosos, llenos de lágrimas de emoción y me dices: lo lograste, estás grande. Sonreimos y lloramos, esto no debería ser así, pero estamos entregadas al juego. El carnaval de golpes nos enceguece y aleteamos como monos descontrolados (doy gracias por la ausencia de navajas), gritamos de júbilo pues somos libres en nuestra deformidad reciente y estamos viviendo nuestro momento de felicidad real. Las apariencias engañan y resulta que en nuestra propia destrucción estamos felices, pues sólo nos guían los instintos viscerales y los dolores reprimidos por tantos años. Caigo al suelo y ya no logro verte pues mis párpados están tan hinchados que mis ojos ya no existen. Me siento débil y escucho ruidos: No estamos solas. Miro mis piernas y me asusto, los cortes son tan extensos que apenas se sostienen mis huesos. Tu ya no estás, ya cumpliste tu labor y te desvaneciste entre la niebla. La gente corre como estampida de animalejos, la gente no me ve y me pisa. Todos tan preocupados de escapar que nadie repara en mi presencia y me pisan cientos (o tal vez miles) de pies, me pisan y ya no me duele, yo ya no estoy en ese sueño, yo ya desperté.
