Anoche soñé que era Elvis en su época gloriosa, con el jopo engominado y la chaqueta de cuero negra. Soñé que tenía sus dientes prístinos y su quijada pronunciada y varonil, como adonis griego. La vida me sonreía, era más de lo que pensé. En el escenario cantaba: It’s now or never y te miraba con absoluta seguridad, soy Elvis, querida, soy Elvis, my Darling, kiss me tonight. Me miraste con los ojos secos por sobre el hombro y te diste media vuelta. Ni siendo Elvis me alcanza. (-risas-)
miércoles, 23 de diciembre de 2009
miércoles, 9 de diciembre de 2009
estaweáespalpico.
Y sigo esperando
Que llegue ese momento
Mientras espero lloro
Y se me caen los ojos
Se hacen agua en mis mejillas
Sal en mi boca
Las manos se desarman
De tanto atar nudos
Inspirados en mandas
Realizadas al viento
Y corro
Corro rápido
Los pies se me quiebran
Sangran y rasgan
Pero sigo corriendo
No quiero estar aquí
Pero tampoco allá
¿Dónde estoy?
La cabeza me explota
Supuran mis oídos
Sangra mi boca
No me mires así
No se rían
Estoy muriendo lo sé
Lentamente
Agónicamente
Así está escrito
En mi pasaporte a la nada
Y sigo esperando
Sigo esperando
Mientras espero vivo
La hora final
El momento crucial
Cuando deje de ser
Lo que tanta pena me da
Que llegue ese momento
Mientras espero lloro
Y se me caen los ojos
Se hacen agua en mis mejillas
Sal en mi boca
Las manos se desarman
De tanto atar nudos
Inspirados en mandas
Realizadas al viento
Y corro
Corro rápido
Los pies se me quiebran
Sangran y rasgan
Pero sigo corriendo
No quiero estar aquí
Pero tampoco allá
¿Dónde estoy?
La cabeza me explota
Supuran mis oídos
Sangra mi boca
No me mires así
No se rían
Estoy muriendo lo sé
Lentamente
Agónicamente
Así está escrito
En mi pasaporte a la nada
Y sigo esperando
Sigo esperando
Mientras espero vivo
La hora final
El momento crucial
Cuando deje de ser
Lo que tanta pena me da
martes, 8 de diciembre de 2009
Las historias con final
Comenzó velozmente, nadie se percató de las señales. Era todo tan maravillosamente perfecto que no existía lugar a dudas o inseguridades, mas en su mente existía una voz constante, aletargada y resonante que se encargaba del trabajo sucio: "nada es perfecto, nada es para siempre y tu no eres suficiente". Siempre lo supo, su batalla estaba perdida desde el comienzo, y se arriesgó a vivir la derrota en carne propia, como esperan los sentenciados a muerte el día del juicio final, donde se pagan los errores a las tasas más altas y con intereses negreros, cobrándote por las cosas que te permitiste vivir. Se atrevió a ser especial y suficiente, aunque sólo fuese en su imaginación cursilera. El trayecto hacia su muerte irreal fue sin lugar a dudas, la mejor experiencia de su vida. Desde el cielo miraba a los desdichados que por cobardes huían del sufrimiento futuro, los compadecía y sentía la sangre en sus venas correr más rápido que nunca. Recordó esa película encontrada por el azar, donde existía un paréntesis en la vida del protagonista, el mejor paréntesis de la vida, el que nunca te arrepentirías de haber vivido, aunque esa expereciencia sólo sea para ti, porque la co-protagonista lo olvidó por cosas del destino (macabro destino). Y así como empezó, se terminó, y así como se terminó volverá a empezar, las historias tienen finales, pero la vida es un cúmulo de paréntesis reiterativos llenos de sorpresas para quienes se atreven a llorar.
[Mientras escribo esta cosita suena en la radio: "Me entrego al vino porque el mundo me hizo así, no puedo cambiar". Será una señal de evasión? (me cago de la risa)]
lunes, 7 de diciembre de 2009
Maldita adicción
Me tienes atada a tu existencia, sentenciada a tus efectos. Desde niña encuentro en ti el consuelo nocturno y el placer más culpable, en donde todo se olvida y sólo existen lluvias de sensaciones extasiadas por tu forma de llenar mis vacíos más vergonzantes. A veces esos mismos vacíos se hacen tan grandes, que recurro a ti de día, escondida y adicta, buscando la alegría y la evasión que me brindas por segundos eternos. Quiero matarte, enterrarte y culparte de todos mis males, mutilarte y arrancarte de mí, desaparecerte y olvidarte por y para siempre. Te odio profunda y dolorosamente, pues alguna vez te amé y acepté como algo natural y quizás si lo eres, pero me dañas, y ese daño es visible a mil kilómetros de distancia, ese daño me pesa y se lleva mi amor propio. Cada mañana al despertar siento la culpa, culpa rasposa y pegada en mis sienes, y siento el sabor amargo de la tristeza, siempre me ganas y no puedo dejarte. A través del espejo miro de reojo los estragos, más evidentes cada vez, más angustiantes cada vez, y esa sensación dura todo el día, y sólo logro cubrirla con un manto de indiferencia y resignación, cuando veo la sangre brotar a chorros desde mi interior y realizo el mismo ritual de cicatrización momentánea. Prometo que hoy te dejo, como lo hice alguna vez, prometo dejarte y no recaer, prometo aguantar el síndrome de abstinencia, aún si el insomnio me gana o la boca se me seca, aún si los vacíos se hacen eternos y tengo que morir un poco más cada día, porque la vida sin ti será hermosa, yo lo sé.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
