El debate se cierra en su momento cúlmine. Las tesis no se escuchan y menos se entienden en el caos mental de las mañanas ebrias, cuando las legañas cierran forzosamente los ojos del (no) vidente involuntario y el cerumen cae a borbotones por los oídos taimados ante las palabras mudas de la razón. La virgen no distingue el color de la verdad y se revuelca en su miseria mientras los peregrinos esperan la absolución o la paz transitoria para salir a trotar por la plaza abandonada de árboles azules o grises. Los columpios marean la conciencia y hacen vomitar el bolo transparente o bilis ácida proveniente de la bulímica úlcera interna que se calma con la teta de la vaca o la pastillita milagrosa
-Y nadie entiende-
-Y nadie quiere entender-
-Y nadie entenderá-
