martes, 5 de enero de 2010

Mary and Max





Debo decir, a modo de confesión, que he abandonado el vicio de ver películas. Le he sido infiel con lecturas, siestas y salidas, con reuniones y trabajo. En mi cabeza rondan los cientos de títulos que se acumulan año tras año, como las deudas en Dicom. A veces el tiempo me sobra, pero las ganas me faltan (ni siquiera soy capaz de buscar películas en el cable cuando estoy acostada). Siempre he querido almacenar la mayor cantidad de filmes en mi cerebro, pero de sólo pensarlo me agobia el hecho de que me faltarían días de vida para ver el cine que quiero. Anoche, guiada por un extraño impulso, me encontré buscando panoramas cinéfilos. Quizás alguna entrada gratis, algún concursillo en donde probar mi inestable suerte que cada día me tiene más extrañada. En esa labor estaba cuando encontré recomendaciones de películas imperdibles del 2009, la mayoría seleccionadas en Sundance y en cuanto festival existe. Así fue que me topé con Mary and Max, una película de monitos de plasticina (maravillosos) con la técnica conocida del stop motion. Hoy la descargué, y por consiguiente, la ví. Debo decir que terminé llorando y con una extraña sensación. Ciertamente no es una película para niños, está cargada con las rarezas del ser humano, con soledades y amistades, aciertos y desencuentros. Patológica pero hermosa. Se las recomiendo (me la recomiendo).