En mi reproductor las canciones se ponen solas y me destrozan de a poquito el corazón. Yo no puse reproducción aleatoria, fue él y las melodías se alternan de tal forma que parece la banda sonora de la película más triste, donde nada termina bien, donde se representa la realidad sin clichés. Mi reproductor es tozudo, y se esfuerza por hacerme llorar. Yo lo odio un poco, pero no lo puedo apagar, porque los sonidos que me regala me llegan al punto destructivo de mi corazón tontito, que siempre pide más y más. Mi reproductor sabe que me tiene en sus manos, por eso cada vez que enciendo el computador aparece con su rayito naranjo y parpadea, para que mi click haga de su existencia una realidad brutal. Y yo lo quiero un poco, y lo dejo ser no más.
