Cada día muero un poco más, Cada día mi despertar está más desamparado. Maldita utopía, ya ni siquiera me acompañas, y vago por los días, catatónica e impertérrita, buscando algo que me haga sentir viva. Un pinchazo tal vez, una rasgadura, un corte letal, pero no, de sólo pensarlo me amenazan los desvanecimientos exagerados, las sobre reacciones a las que tan acostumbrada me tiene mi obstinado organismo, tan cobarde como mi mente y mi corazón. ¿Sentiste algo nuevo? ¿Volviste a ilusionarte? ¿De qué te sirvió? Puros lamentos, gritos desgarrados que provienen de las vísceras sangrantes, de la herida supurante y putrefacta que no sana, daños a terceros, destrucción de sueños creados bajo el amparo del amor. ¿Qué es el amor? Algo inexplicable en esta ocasión, pues jamás terminaré de conocer ese infinito sentimiento adolorido, que inspira muertes y engaños, nacimientos y libertades. ¿Desamor? Ganas de golpearte la cabeza contra los muros hasta desaparecer, desvanecerte en lágrimas saladas que saborean el agridulce adiós, desesperanza desgarradora y mal parida, perra soledad que amenaza en noches de insomnio y dolor. Aún así sigues esperando razones, razones para volver a levantarte un día más, tan sólo un día más, y encontrar la forma, de hacerlo el siguiente además. Lo necesitas ( lo necesitas), lo buscas desesperadamente bajo las sábanas, en las caras desconocidas de personas felices, sólo una señal, una pequeña luz al final de la historia, que te haga valorar cada momento vivido, no como un lamento, si no como un paso más, en este cruel juego donde eres el actor principal.
