Hoy me invento una pena de amor. Prendo la radio y pongo la banda sonora del despecho mientras corto las flores que llevaré a la tumba del amor fallecido, porque es necesario cantarle al desamor hasta el desmayo y después ponerle una lápida de acero para que los fantasmas no vuelvan a salir. Suena: “Lo que haría, porque estuvieras tú…” y en mi cabeza mil imágenes creadas como una película dramática donde el final es funesto y real. Hoy una lágrima escandalosa cae por mi mejilla, solitaria y forzada y mi alma sangra por esa que me dejó rogando por sus miradas (ella es hermosa, y en mi creación me permito soñar con lo inalcanzable). Hoy lloro y canto, escucho la 88.1 porque mi afición por lo antiguo y cursilero alcanza límites impensados y vergonzosos. El histrionismo aflora y resulta que soy Camilo Sesto, Raphael y Sandro, Rocío Jurado o Leo Dan. Hoy es domingo y no paseo por las calles amarrada a tu mano ni a tu corazón, si no que miro el techo buscando el momento en que me dijiste adiós, lo encuentro y le entierro los dedos hurgando en su existencia para hacerlo desaparecer. Hoy ya he llorado bastante, pero te dejo atrás y sueño con la nueva que vendrá.
